Parador Nacional de La Granja

El Parador, inaugurado en 2007, ha sido ubicado en los edificios históricos de la Casa de los Infantes y en el cuartel de la Guardia de Corps, ambos mandados erigir por Carlos III. El primero, donde se han instalado las habitaciones, estaba destinado a la servidumbre de los dos hijos del rey: Gabriel y Antonio de Borbón y Sajonia. Las tareas de restauración y habilitación a sus nuevos usos han sido largas y arduas, dando como resultado un espacio que celebra la racionalidad del proyecto original, su luz y sus materias primas.

Entrada del Parador Nacional

Las habitaciones, como habrá observado el cliente, dan con sus puertas al hermoso patio de ladrillo y arquería en las cuatro plantas, a los pies de las cuales una fuentecilla acompaña el melodioso silencio contemplativo de Apolo. Del antiguo cuartel de la Guardia de Corps se han conservado sus fachadas, para instalar en su interior salón, restaurante y auditorios.

El nuevo Parador de La Granja es una muestra en vivo del rico legado arquitectónico del Real Sitio. Su construcción alberga dos edificios. Por una parte, el hotel se ubica en la Casa de los Infantes, construida en el siglo XVIII, por Carlos III, para que habitaran en él los infantes Gabriel y Antonio. Por otro lado, se encuentra el Cuartel General de la Guardia de Corps, que acoge un moderno Centro de Congresos y Convenciones, situado a tan sólo 55 minutos de Madrid.

Este exclusivo escenario dispone de 16 salas de reuniones, de diferentes capacidades, alcanzando capacidades de más de 600 personas. Además, cuenta con un completo equipamiento técnico y audiovisual de última generación.

Es de destacar el entorno monumental y natural en el que se encuentra, a sólo 11 km. de Segovia, ciudad Patrimonio de la Humanidad, en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama.

Origen de la Casa de Infantes

Los antecedentes históricos referentes a este edificio se remontan al reinado de Carlos III, que ordenó su construcción en 1770 bajo la dirección de José Díaz Gamoens, siguiendo la tipología de la arquitectura oficial de La Granja y con destino a la servidumbre de los Infantes don Gabriel de Borbón y Sajonia (1752-1788) y don Antonio de Borbón y Sajonia (1755-1817), ambos hijos de Carlos III y María Amalia de Sajonia. El edificio pasó a ser propiedad privada de ambos, sin entrar en herencia los otros dos hijos de Carlos III, Francisco Javier y Josefa, lo que marcará el futuro del edificio, que siempre ha contado con una doble propiedad, ya que el infante don Antonio murió joven sin descendencia.

Los antecedentes históricos referentes a este edificio se remontan al reinado de Carlos III, que ordenó su construcción en 1770 bajo la dirección de José Díaz Gamoens, siguiendo la tipología de la arquitectura oficial de La Granja y con destino a la servidumbre de los Infantes don Gabriel de Borbón y Sajonia (1752-1788) y don Antonio de Borbón y Sajonia (1755-1817), ambos hijos de Carlos III y María Amalia de Sajonia. El edificio pasó a ser propiedad privada de ambos, sin entrar en herencia los otros dos hijos de Carlos III, Francisco Javier y Josefa, lo que marcará el futuro del edificio, que siempre ha contado con una doble propiedad, ya que el infante don Antonio murió joven sin descendencia.

Se trata de una construcción rectangular muy alargada, organizada en torno a tres patios que configuran sus recorridos mediante corredores estrechos que dan acceso a las diferentes dependencias.

El edificio presenta unas fachadas muy sobrias en contraste con la riqueza de los patios interiores, configurados por poderosas arquerías. El alzado principal ofrece a la calle de Infantes un aspecto en general austero, donde sólo los frontones que coronan los huecos y una puerta de entrada destacan en su desarrollo. En esta fachada se aprecia el fuerte desnivel existente, de unos 8 metros, que caracteriza la imagen del edificio hundido en el terreno. El resto de sus fachadas, con cuatro alturas en toda su longitud, presentan una imagen menos palaciega hacia el exterior de la ciudad. En ellas se sustituyen los frontones de piedra por trampantojos que los simulan.

Posee además un gran espacio de jardín y una construcción anexa, el “Canapé”, que proporciona las áreas de esparcimiento del Parador.

Antes de la intervención, tras el incendio que sobrevino en el año 1984, su deterioro era muy grande. Sin embargo, las obras acometidas han recuperado el carácter original del edificio.

Más información, “El Parador de La Granja”

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