Entrada de Cristo en Jerusalén

Anónimo (atrs. diseño a Maximilia de Hase y factura a Jean-Baptiste Vermillion)
Bruselas, cartones entre 1730-1759 y hechura de 1759-1766?
Lana cruda (urdimbres) y seda con lanas finas de colores (tramas). Tapiz de alto lizo con densidad de 7urds./cm. Marcas B♦B (angulo inferior derecha, por tierra)
518 (aprox)x680 cm.

Este tapiz es fronda ramificada de ese “Arbol de la Vida” pues comparte savia nutricia con el otro paño expuesto en esta muestra. Es ejemplar aislado cuyo argumento se virtualiza sin duda en el contexto de una colgadura de lectura cristológia más integra conexa con una Vida de Cristo o, tal vez, su Pasión. Actualmente, la Colegiata posee cinco paños de la misma serie que se pueden intitular “Adoración de los pastores”, “Entrada de Cristo en Jerusalén” además de “Santa Cena“, “Levantamiento de la cruz” y “Resurreción” (estos tres últimos custodiados en dependencias capitulares).

Según parece, fueron adquiridos en la testamentaría de Isabel de Farnesio como bienes privativos poco después de fallecer en 10 de julio de 1766. Ya desde el 26 de agosto de 1768 el Cabildo Colegial determinó personarse jurídicamente como parte en la obtención de la “colgadura de la Reina Madre” (Archivo de la Colegiata, Libro de acuerdos. II, fº 381v). Para tales gestiones se apoderó a D. Juan Antonio Hernández o, en su defecto a D. Sebastian de Insaburu(?), a los cuales ambos se les comisiona luego en 3 de diciembre para que ofrecieran 60.000 rs. por los tapices (ibídem, fº 388s). Conforme acuerdo de 27 de enero del siguiente 1769, se cursan instrucciones a este último para no incrementar la citada cantidad: de ser requerida por el testamentario, entonces “tuviese al Cabildo por desatendido” (ibídem, fº 391 y 393).

El decurso posterior de los acontecimientos hace cambiar la actitud de la institución. El 18 de abril,uno de los comisarios refiere que antes de recibir tales instrucciones ya había ofrecido 65.000 reales, ademas ha entrado como parte el Cabildo de la Catedral segoviana pujando con 66.000 rs y que teniendo en cuenta “lo precios de las alhajas” y otros considerandos, se acuerda dar por bueno el ultimo precio (ibídem, fº 401). El acta fechada el 19 de mayo de 1769 confirma textualmente “haberse ya conducido a esta Real Iglesia los tapices que tasados antes en ciento setenta y dos mil reales…” (ibídem, fº 404v). Infiérase, en definitiva, que la titularidad de la colgadura no corresponde a Patrimonio Nacional (Junquera, 1966, 49-62) sino a jurisdicción eclesiástica.

La aludida Reina Elisabetta Farnese, parmense de nación italiana, comenzó sus tempranas inquietudes coleccionistas desde 1720 por lo menos, con la configuración de un conjunto artístico privado de decidida reorientación hacia el gusto flamenco (Lavalle Cobo, 1997, 222). Estaba en óptimas condiciones para comprender el arte de la tapicería por el asesoramiento artístico de Andrea Procaccioni que, a la sazón, ocupaba el puesto de director de la Fábrica vaticana de Tapices de San Miguel (Lavalle-Cobo, 2002, 76; Pérez Samper, 2003, 172). Luego distinguido con igual cargo para la recién fundada Ral Fábrica de Santa Bárbara en Madrid. Por otra parte, la misma Reina practicaba el arte del lizo como distracción (Lavalle-Cobo, 2002, 76). Sus apetencias artísticas recrecieron durante los cinco años de estancia de la Corte en Andalucía y en su persona recayó por herencia en 1740 la importante colección de arte y particularmente de tapices de su tía Mariana de Neoburgo, que acababa de finar por entonces en Guadalajara.

De este atesoramiento regio, tuvo que ser desmembrado un pequeño lote para venderse en pública almoneda, posiblemente para administrar legados y abonar deudas, mandas u otros gastos personales que contrajera su antigua titular la Reina antes de fallecer, como se ha dicho, de esta colección particular procedían los cinco tapices que adquiere la Colegial de La Granja.

Éste representa la entrada de Jesucristo en Jerusalén de conformidad con los cuatros relatos evangélicos. Por tanto, el escenario configurado interpreta el barrio de Beftagé junto al Monte de los Olivos -afueras de Jerusalén perceptible en el fondo-, sobre la ruta que proviene de Jericó y es época de fiesta sabatina, previa a la Pascua, y por ello la turbamulta -con algo de “kermesse” pascual- está alegre y con ramos de palmera. La comitiva central la componen los discípulos de los cuales reconócense fácilmete al joven e imberbe Juan y a otros dos que se adelantan hacia la izquierda que bien pudieran ser Felipe y Andrés pues indican a Jesús uque un grupo de individuos de origen griego querían verle (Jn, 12, 21s). El resto de individuos corean los “hosannas” con bocas entreabiertas; quitadse sus mantos para alfombrar el camino o cortan ramas de palmera para ser extendidas por la vereda o utilizadas como vítores.

Agunstín Coppens (1688-†1740) introduce en los paisajes tejidos una sofisticada perspectiva basada en criterios cromáticos pues los verdes y pardos del fondo son “virados” en modulaciones sombreadas de amarillo y azul.

DEsde muy antiguo hubo inquietudes por vertebrar toda la decoración palatina llegando incluso a entregar en 1743 la redacción de un programa iconográfico al padre benedictino fray Martín de Sarmiento, decoración a la que tampoco se sustraería la capilla. Por otra parte, la Reina era muy devota en general y particularmente al culto de la Pasión: hoy, sin duda, este tapiz alude al jalón litúrgico “Domigo de Ramos” y con tal sentido es utilizado periódicamente al año.

Santiago Samainego Hidalgo
Departamento de Historia del Arte. Universidad de Salamanca

 

Texto extraído del Catálogo “El árbol de la vida” cat12_721528669

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